sábado, 19 de diciembre de 2009

Happy Navidad...




Cortesía de nuestrascosas.tv.

lunes, 14 de diciembre de 2009

El niño del ukelele

La verdad es que a este niño lo descubrí gracias al programa Sé lo que hicisteis. Me encantó nada más verlo. Días después Listo Entertainment  me amplió información. Desde ese momento he de confesar que me declaro fan incondicional de la criatura. Qué habilidad musical con solo 5 años, qué gracia, qué risa más contagiosa.
En estos días en los que se supone "todos hemos de sentir el espíritu de las fiestas navideñas", paso de campañas del Cortinglés y Codirniu, y me quedo con la risa de este niño. Esto sí me hace sonreir.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Adorable

lunes, 7 de diciembre de 2009

No seamos agelastas II

Pues eso. No seamos agelastas!! Hagamos el favor de reir, que es gratis, rejuvenece la piel, ayuda a eliminar toxinas y hasta adelgaza... Bueno, es cierto que quizás habría que tener un ataque de risa de 2 o 3 días para acabar notando algo en la báscula, pero adelgaza.

Y para facilitarnos la tarea de reir, qué mejor que "El Gran Libro de la Cinefilia".

Más información en http://listocomics.com/wp-content/uploads/2009/07/dossierprensa-granlibrodelacinefilia.pdf

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Piazzolla en Gdansk

Piazzolla en Gdansk from Eva Roig on Vimeo.




Este momento mágico sucedió en un restaurante de Gdansk, Polonia, llamado Mon Balzac, a finales de septiembre de este año. Lo llamo mágico porque Piazzolla me entusiasma, y realmente me sorprendió que me dieran Libertango de postre, no incluido en la carta, en Polonia.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Mentiras vs engaños

A menudo utilizamos estas dos palabras como sinónimos. Y no lo son, no exactamente. Según la RAE, mentir es
Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa
mientras engañar sería
Dar a la mentira apariencia de verdad; Inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas.
Mentir mentimos todos, y quien diga que no, miente. House dixit. Mentimos desde el "Buenos días" a la vecina insoportable del quinto, mentimos al sonreir al compañero de trabajo por un comentario que él cree gracioso, y así seguimos todo el día hasta que nos vamos a dormir. Son mentiras sociales, admitidas por todos, que facilitan la coexistencia, que no convivencia. Mentiras blancas.
Pero engañar lleva implícita mucha más mala leche que mentir. El engaño es más elaborado, más meditado, y justo eso, el tiempo que se invierte en su maquinación, es lo que marca la diferencia con la mentira. Una mentira se te puede escapar, un engaño no.

Y después de haber estado un rato pensando sobre estos conceptos, aún no sé ponerle nombre a lo que me pasó el pasado mes de agosto. Aún no sé si fue mentira o engaño, propio o ajeno.

viernes, 13 de noviembre de 2009

No seamos agelastas

Hay personas a quienes admiro por su inteligencia, a las que estimo por su honestidad, pero con quienes no me siento a gusto: censuro mis comentarios para no ser mal interpretado, para no parecer cínico, para no herirlas con una palabra demasiado leve. Ellas no viven en paz con lo cómico. No se lo reprocho: su agelastia está profundamente anclada en ellas y no lo pueden remediar. Pero yo tampoco puedo remediarlo y, aun sin detestarlas, las evito de lejos.

Milan Kundera
El telón

Hace ya unos días que ando buscando un término para definir la incapacidad para reir. Una vez más ha sido Kundera quien me lo ha brindado. Agelasta. Tomada del griego, viene a significar: el que no sabe reir, el que carece de sentido del humor. En realidad, fue François Rabelais, escritor, médico y humanista francés, quien adjudicó el nombre de la piedra en la que descansó Deméter en su búsqueda de Perséfone a una raza de gigantes que no conocían ni la risa ni el alcohol en su novela Pantagruel. Kundera menciona a Rabelais en El arte de la novela y en El telón. Recomiendo la lectura de ambos, eso sí, con la neurona bien despierta.

El motivo de esta búsqueda surge de la mera observación del entorno. Tengo la sensación de que la gente ríe poco. O nada. No sé si se debe a la falta de motivos para hacerlo o a cierta incapacidad, esto es, la mencionada agelastia. Veo caras largas en el trabajo, en la calle, en el bus. Parece que la risa ofenda. Hasta la sonrisa escuece. Pero si reir es de las pocas cosas por las que no hay que rascarse el bolsillo. Y podemos, casi debemos, reir de lo cómico y de lo trágico, de nosotros y con nosotros.

Riamos, pues, aun cuando nos llamen locos.